Imaginemos la FILBO del futuro. Súbete al recorrido virtual por la feria del libro del mañana

La Feria del Libro es un puerto de letras del que los visitantes, lectores, curiosos y coleccionistas zarpamos con un itinerario imprevisible hacia un destino tan personal e irrepetible como afortunado. Este año la Feria del Libro, edición número 33, es virtual. La esperada FILBO se desmaterializa, pero no se va. Al contrario, transciende, se estira, se transforma. Pasa de física a electrónica y de electrónica, a imaginación. Por eso, le propongo en el breve instante de esta lectura un recorrido virtual por la Filbo desde la mirada de un libronauta, un lector visitante de traje kevlar ligero, que podría ser usted si lo prefiere.
    A través de los ojos de este libronauta espero reviva la alegre y física ansiedad de quien ha de encontrarse con un esperado relato o un inesperado descubrimiento. Con el poder de la imaginación, esta FILBO virtual convierte a internet, más que conferencias, presentaciones y ofertas de libros, en un gozoso caos de saberes.

Inicio del viaje.

   Bogotá, abril 2020, Corferias Electrónico. Conexiones de internet, filas largas, hojas digitales, pantallas, gritos y colores, avatares, volantes pegadas en imágenes de paredes y, por supuesto, libros, más acompañados esta vez del aroma del café y la música que de su casa real provienen y atraviesan su traje. Hambre, cansancio, no importan. Envestido como explorador usted está por fin conectado, está dentro del campus. Los libros le guardan un conjuro para la realidad.
    10:00 AM. Cruza los arcos electrónicamente plateados de la entrada de Corferias digital. Lo primero que usted ve por el lente visor es gente flotante: niños, madres, padres, abuelos, barbas largas, escritores camuflados; más gente, por todos lados, camisas chistosas, lentes caminantes. Ve los pabellones digitales, el 3 a su izquierda, el 4 en frente, el 5 a la derecha. Están repletos de libros. Para no dar lugar al deambulismo usted inicia un prudente ritual: se dirige a la cabina de información —o la torre de control de vuelos— y descarga la hoja de la programación del hoy. Busca luego un espacio tranquilo en el campus digital para marcar esto y aquello sobre la hoja de ruta en pantalla. Seguro de que no se perderá nada, alegre, parte con su promisorio itinerario hacia al primer evento del día. Lo inesperado aparece.
    El primer evento al que fue le resultó provechosamente inesperado. ¿Por qué?, se preguntará usted, si uno escoge de antemano lo que va a ver. Lo entiendo, pero lo que ocurrió en el auditorio virtual José Asunción Silva cambió su prejuicio por sorpresa. Lo que por el nombre parecía ser la entrega del premio Concurso Distrital de Escritura, terminó siendo un taller de composición musical en el que se encontró completando los decasílabos y dodecasílabos faltantes de la letra de una canción llamada F14, en alusión a la ruta de transporte del mundo real, la del Transmilenio de Bogotá. Más adelante, durante la premiación del concurso de escritura, vio converger a la literatura, la música y el dibujo porque un grupo de rock cantaba las letras de los cuentos del concurso al mismo tiempo que la dibujante “pintaba” las canciones. Al final del evento sintió la emoción de ver y oír su obra (letra y música de la canción F14) recién nacida correteando por el auditorio. Música, literatura y dibujo en el mismo e interactivo momento. Lo mejor, una nueva manera de captar la atención de los niños que estaban conectados. Filbo es contraintuición disfrazada de familiaridad, pensó en su traje, sonriendo.
    Sale del auditorio y se dirige a la simulación electrónica de la sala Jorge Isaacs en el que se ve atrapado en un fuego cruzado. Ficción versus Realidad en la Creación Literaria. Ese día la ficción le marcó terreno a la realidad en esta edición de la Feria virtual. La ficción se elevó por encima de otros géneros, pensó usted de lo que estaba viendo. Se erigió en su función modificadora de la realidad y se extendió hasta lo social y filosófico. La ficción se atrevió a más al defender la posición de que “la realidad es el carburante de la ficción”. En franca audacia, esta no solo se nutre de la realidad, sino que propone cambiarla —influirla, al menos—mediante distopías, lo raro, el bizarro, los apocalipsis y el cuestionamiento del confort. Uno de los escritores de novela policiaca e intriga que había iniciado sesión en el salón, Roberto Gil de Mares, resume el irrefutable argumento de este género: “Lo que antes fue ficción, hoy es realidad”. Filbo es descubrimiento, entendió usted escapando de la sala. 
    Ya es casi medio día. Son las 11:00 AM. Renovado después de ese diálogo atraviesa las imágenes de las paredes de los pabellones rumbo al auditorio principal del campus a ver al holograma de la Sinfónica Nacional que está ahí para regalarle un alegre recorrido por los géneros de la música colombiana. Un viaje musical por Colombia, un viaje dentro otro viaje, pensó. Usted escucha que dentro de su traje de kevlar empieza a sonar “San Pedro en El Espinal”, luego “Serenata en Chocontá”, “El Pueblito Viejo”, “Mi Buenaventura”, “Yo Me Llamo Cumbia”, y demás. Espectacular. Embuido en su casco siente la identidad de cada género, unos elegantes como el Pasillo, otros audaces como el Fandango, todos divertidos y conectados con los aplausos de los otros viajeros que saturaron las conexiones de red del auditorio, llenito, para oír a Colombia. El director de la sinfónica, en espectro, Eduardo Carrisoza, lo acerca a los autores y a la belleza de cada obra al describirlas antes de cada interpretación. Dijo amablemente que “no sobra recordar que, a veces, los dispositivos de comunicación tienen vida propia”, así que usted apaga el suyo. Le parece agradable el humor y calidez del director de esa translúcida proyección de la orquesta y se dice a usted que Filbo es música, una casa virtual en el aire. La disfrutó.
    Ya son las 12:15 PM. Mientras almuerzas algo físico, digitalmente sobrevuelas el campus Corferias Virtual en dirección a la sala Filbo B. Vas un poquito tarde a la siguiente escala en tu programa de vuelo trata de un delicioso contrapunto entre la imagen y las palabras que ha iniciado en el Taller de Ciber Literatura. Cuál de ellas tiene más relevancia en el arte y la lectura, te van a explicar ahí. La respuesta es clara: ambas. Como sucede con la realidad y la imaginación, no hay contienda entre ellas. Al contrario, “el texto y la imagen se necesitan” te dice mirándote uno de lo tripulantes de Canto Verde, porque su efecto expresivo y placentero, además de cognitivo, se incrementa al combinarlas en una obra. Este es precisamente el campo de la Ciber Literatura, que usa como detonante el delicado balance entre texto e imagen. Algo vives a diario con los Memes, pero la Ciber Literatura lo lleva más allá al escoger cuidadosamente los niveles de abstracción como matices de lo que extraemos cuando las imágenes están junto a las palabras. Te proponen el siguiente ejemplo: imagine usted el rostro de una joven mujer, sonriendo, bonita sonrisa, con una gorra roja, ropa causal y campestre en medio de un verde campo. Delante de ella una flor amarilla, pétalos enormes, abiertos como un sol, con centro naranja oscuro y largo tallo verde. Al lado derecho de esa imagen aparecen 3 frases: a) ya me tomaste la foto, b) me visto de flor y c) mis ojos caminan por sus venas verdes. Te preguntan cuál de las frases crees que se corresponde mejor con la imagen, con cuál te sientes mejor. Con la segunda, ¿verdad?. Por qué, te preguntas. Porque es la que mejor balance entre palabras e imágenes tiene te dice una voz dentro del casco. FILBO es unión de universos, piensas, mientras te llevas la flor en la cabeza.
   Ya entrada la tarde, 2:00 PM, la cantidad de situaciones y emociones empiezan a arremolinarse dentro de tu cabeza casco. No es para menos. La mochila, el traje, el cinturón, internet, pesan. La tarde pesa. En parte el cansancio, en parte los potenciales universos por ver, te ofrecen la maravillosa duda de si mantenerte en curso de navegación o cambiarlo por la serendipia. Finalmente decides romper el rumbo y ceder a la exploración. Te diriges sin plan al salón más cercano. Ves un quiosco flotante del que salen colores luminosos. Dentro, lo inesperado: la clínica de palabras de la editorial El Malpensante. Sonríes. El viaje continua te dices, y entras.

   Termina aquí un tramo del recorrido virtual de la FILBO. Nuestro querido astronauta del papel sin embargo sigue su viaje. Él seguirá flotando por la FILBO virtual dentro del este Corferias Electrónico. Nosotros, en cambio, nos desconectamos por ahora del personaje, cerramos la sesión y regresamos al mundo físico. 
  Como suele suceder en los viajes, espero que algo de este recorrido imaginario se haya venido contigo. Ese souvenir intangible instalado en tu sistema operativo, sea un recuerdo, una imagen, una palabra, una flor amarilla, te permitirá hacer contacto inalámbrico, sin hablar, sin ruido, con la FILBO y regresar cuando te apetezca a ese portal a la cultura, a ese instante que expande tu realidad con imaginación, a ese momento para sonreír maravillado.

  Nos vemos en el próximo viaje, libronauta, en la FILBO 2021.