Advertencia. La torta zanahoria

Dulce. Fresca. Inesperada: más canela y zanahoria. Sorpresiva: ella me encontró a mi. Provocadora: desde q la ví nos gustamos; también me miró otra, una torta de amapolas, pero no. Ya hubo algo entre nosotros. Además, la zanahoria siempre fue un reto para mi. Finalmente caí, o la rescaté, no sé.

Cuando la probé, fue tal como me la había imaginado pero más suave. La sentí esponjosa, cariñosa conmigo. Su dulzura, como decirlo, era de las que se siente en la lengua, no en la garganta, momentánea. Incitadora. Después de tres bocanadas me alejé. Sorprendido, avancé. Llegué hasta la mitad. No quería que terminara jamás.

Los libros y mi tinto, celosos —mis amigos—, como queriéndome advertir, se alejaron. Esperé cuanto pude, pero tenía q volverla a probar. La busqué. Me preparé antes de reanudar nuestro encuentro dividido en dos: me dije que no, que era yo el que estaba imaginándolo. Nos encontramos y repetí. Y repetí. La pedí de nuevo. Le tome una foto. La probé y ella a mí.

Hasta el día de hoy no la he vuelto a ver. No los oí, y era eso lo que mis libros y el tinto me querían advertir.