Lucía no se ha casado

LUCIA NO SE HA CASADO

Leonora Gómez Marulanda

Lucia apagó las cuarenta velas del ponqué negro cubierto con una nata blanca y brillante.   El chiste de que todavía sopla, y todos esos comentarios que se hacen alrededor de la edad, los aguantó entre risas.  Se imaginaba que ésta sería la última vez que compartía con este grupo de amigos y que –seguramente- sería la última vez que las apagaba sin tener un marido a su lado. 

Caminó lentamente hacia Julián, que estaba en reunido con su grupo de amigos en el otro extremo del salón, cerró sus párpados y antes de volverlo a mirar con ojos llenos de preguntas, mientras apretaba sus puños, le dijo como en susurro:

-Está bien.me casaré contigo.

De regreso a casa esa noche, Lucía no sabía cómo decírselo a su familia. Entró a la habitación de su madre y se sentó al borde de la cama. Las cobijas destendidas, y la biblia que en ese momento leía, le recordaron algo que no quería saber de sí misma.  No le gustaba la religión, y no creía en la iglesia.  Y menos en esos curas que en algún momento de su vida, le habían hecho confesar sus malos pensamientos.

-Finalmente tomaste una decisión sabia –le dijo su madre soltando la biblia en tono de retahíla.  -Yo no te puedo mantener mas, y mírate, tú tampoco lo haces.  Pareces mendigando cada vez que vas a conseguir empleo.  ¿Dónde está tu dignidad

-Sí mamá, -le contestó Lucia, aún aturdida por la decisión que acababa de tomar.  Y continúo para asegurarse de decirle todo:

-Me casaré por la iglesia.  Como tu querías.  

Y antes de seguir hablando Lucía empezó a medir sus palabras tratando de calmar sus pensamientos desbordados, indecisa por no saber qué decir. Por un instante sintió la misma fragilidad de sus siete años, cuando su padre había cerrado la puerta de su casa sin despedirse y no había regresado nunca. 

Luego se reprochó a sí misma: ¿cómo era posible ser tan desagradecida con la vida?  Ella al menos tenía a esa edad, con quien casarse.  Ya no podía seguir esperando, y hasta tal vez, si no se decidía pronto sería muy tarde para tener hijos. 

Julián era un misterio indescifrable.  Ella no podía recordar, cuantas veces la había maltratado delante de sus amigos hasta hacerla llorar.   Primero fueron las palabras, luego los gestos amenazantes y por último los golpes. Siempre le pedía perdón hasta las lágrimas, y prometía no volverlo a hacer.  Pero la vez que la pateó en el piso, no tenía perdón.  Eso había le había gritando Lucia. 

-No tendrá por qué saberlo nadie. ¿Verdad Lucía? -le había dicho Julián -mientras la levantaba del piso.

Esa noche mientras se dormía en su cama angosta, Lucia sintió una sombra que crecía en alguna parte de su cuerpo, algo como un embarazo fantasma, una mancha que poco a poco le empezó a invadir el corazón.   Se casaría, sí, pero con un pecado mortal incluido en su conciencia, un pecado que haría desaparecer su esencia.

Apagó la luz, y en medio de la noche la invadieron sus sueños:

Manejaba un carro con los ojos cerrados.  La carretera era destapada, se sentía el sonido de las piedras atrapadas entre las llantas.  Ese sonido le recordaba que no estaba en un sitio seguro, que de pronto podría estrellarse contra un muro.   Hacia un gran esfuerzo por despertarse, por tomar el timón, se sentía empapada en sudor y quería despertarse, pero no podía.  En un momento decidió dejar de manejar.  Frenó, detuvo el auto en medio del camino que parecía oscuro, soltó el timón, y se sentó del otro lado del piloto.

Ese día se despertó cansada.  Se metió en la ducha, tomó un estropajo y restregó su piel hasta causarse daño.  No sabía cómo borrar lo que sentía.

A partir del día de su compromiso, algunas amigas le miraron con admiración, otras con envidia.  Cómo había logrado una mujer mayor, atrapar a ese solterón empedernido.  Bien puesto, atlético, trabajador.  Todo lo bueno que se veía por fuera, porque lo de adentro, nadie lo intuía.  Ni si quiera Lucia.   

– Perdimos las apuestas -comentaron mientras tomaban vino y se reían.

……

Una tarde al salir de su trabajo en el centro de la ciudad, Julián la esperaba parqueado en medio de la calle, la algarabía de las cinco de la tarde, los pitos y los vendedores ambulantes, no alcanzaban a ocultar lo extraño de la escena.  Allí estaba Julián en su carro último modelo.  Un descapotado rojo y brillante, que lo hacía ver como una gran contradicción. A Lucía le pareció pequeño e insignificante:  Se imaginó que era como un sapo verde y aplastado, manejando un carroza que en algún momento se convertiría en calabaza.

-Vamos-  le dijo Julián, abriéndole la puerta, en un gesto inusual de cortesía.

Estaban invitados a una lluvia de regalos, de esas que organizan los familiares con los mejores deseos para una pareja tan prometedora.  Parecía que el prestigio de Julián iba en aumento, desde que había decidido casarse.

Se deslizaron entre el duro tráfico, hasta llegar casi a las afueras de la ciudad.   La casa de Ema –la tía de Julián- estaba dentro de un bosque.  Tuvieron que pasar por varias porterías identificarse tres veces con los celadores, y esperar a que en los diferentes intercomunicadores se escuchara la respuesta:

-Sí, por favor, dígales que sigan. 

Empezaron a llegar los invitados.  Lucia estaba muy elegante, tenía un vestido blanco con un sombrero azul de plumas.  Se sentó en una de las salas principales, en un asiento que no tenía espaldar, sino brazos redondeados.

……….

Salieron de la reunión en una de las noches mas oscuras de sus vidas.  Subieron al auto en medio de la lluvia. Hacia frio y los postes de la luz, reflejaban una luz mortecina entre la bruma y la neblina. Julián se frotó las manos intensamente y tomó el timón.  Ninguno podía ver bien el camino, los vidrios se empañaban constantemente, lo que lo obligaba a ir mas lento.   Las curvas de la carretera que dirigían de nuevo a la casa de Lucia, parecían cada vez mas angostas. El auto venía cargado de objetos. En el asiento trasero, los dos habían organizado todos los regalos útiles, inútiles, decorativos e hasta inservibles que les había obsequiado su familia

Julián subió el volumen de la radio, eran las once y diez de la noche, y manejaba mientras sentía aún los ocho wiskis que se había tomado esa tarde.  Le costaba trabajo concentrarse en la carretera, y mantenerse atento.  Se sentía adormecido y cansado.  

-Julián, ésta ha sido una noche muy especial -le dijo interrumpiendo Lucia, en tono suave.

-Claro, no era para menos, tu sabes lo importante que es mi familia, me alegra que lo reconozcas -le contestó en un tono agridulce.

-Sí, tranquilo, ya sé que eso es así.  Nunca lo he dudado -y entre susurros, como para sí dijo -igual de importante que la mía, yo lo sé.

La lluvia seguía insistiendo.   De repente, en una curva, una luz plena de un carro que bajaba pareció invadir toda la cabina, los dejó enceguecidos.  Julián, hizo una brusca maniobra, el auto mordió el borde del pavimento y por un momento se salió de control, produciendo gritos de terror de Lucia.  

-Te he dicho Lucia que no me distraigas cuando manejo, y no grites, histérica- -le dijo enfurecido Julián, tomando fuertemente el timón.

-Creo que no fue esa mi intención, perdóname –le contesto Lucia, tratando de dominar el miedo, y sabiendo que si hacía otro comentario Julián se enfurecía. En ese momento Lucia pensó, cuantas veces se había callado para no atizar la ira descontrolada de Julián.  Parecía que su vida pendiera de un hilo, y por eso se callaba.  Pero su rabia interna crecía como un cáncer.

-Bueno cállate de una vez –le contestó malhumorado.

El trayecto de regreso se convirtió en una nueva pesadilla.  Últimamente su relación se hacía mas tensa.  A medida que se aproximaba la fecha de su matrimonio, los dos estaban cada vez mas nerviosos.  Julián se enfurecía hasta perder el control y algunas veces sacudía y estrujaba a Lucia por los brazos, otras, la hacía callar de un solo grito.  Se disculpaba diciéndole –Mira que esta vez, no te pegué en el suelo.  Pero a ella le parecía, que todo era igual de doloroso y durante un par de días, no le volvía a hablar.

Luego de una hora de accidentado viaje, la ciudad taciturna los recibió a las doce y diez,  justo en el momento en que el auto deportivo, se había convertido en calabaza, Julián en un lacayo y Lucia en una cenicienta triste y llorosa.  Descendió y cerró bruscamente la puerta del auto.    Entró a la casa tratando de ocultar su cara y sin mirar a su madre que le abrió.

-Que te pasó? ¿Porque vienes así?, -le pregunto angustiada, cuando pasó a su lado.

-Mañana lo sabrás, después de que regrese de la bruja. –Dijo Lucía.  -Esto que está sucediendo entre Julián y yo, no lo puede resolver ningún cura, te lo aseguro. No le preguntaré ni a Cristo, ni el espíritu santo que tanto invocas, te lo aseguro.

Subió las escaleras, y tirando la puerta, se acomodó en su cama, cada vez mas angosta y fría, mientras trataba de buscar explicaciones.

Era evidente que ese matrimonio no le convenía.  Sentía que estaba arriesgando su propia vida, casándose con un hombre violento y egocéntrico. Ella no se merecía ese trato, ¿pero entonces, porque lo aceptaba?  No podía zafarse, se daba cuenta que era dependiente.  Su personalidad la había construido sobre el barro, la imagen de su padre cerrando la puerta para nunca mas volver, la había marcado para siempre.  Lucía le había huido al matrimonio, le parecía que todos los  hombres abandonan   las mujeres.  Pero luego pensaba que a esa  edad ya cuarentona, no podría seguir sola.   Y entonces se convencía a si misma que debía casarse. Se podría decir que se casaba para eso:  para evitar la soledad.  No le importaba el precio que tenía que pagar.    Por momentos se ilusionaba diciéndose que todo cambiaria, que no era tan terrible.  Pero después sabía que estaba metida en una gran farsa, y que pronto, se hundiría en el mismo barro del que huía.

Al día siguiente, Lucia pidió un taxi.  . Eran las seis de la tarde cuando se subió.  El humo asfixiante de esa hora, se colaba entre los vidrios del destartalado auto amarillo. La ciudad era un caos: los buses invadían los carriles de los carros, los recicladores invadían los carriles de los carros, los ciclistas salían como de la nada haciendo frenar bruscamente al conductor.  Al fin llegaron.

-Esta es la dirección señora-  le dijo el taxista, mirándola por el espejo.

Lucía bajó.   Avanzó por el estrecho callejón como en embudo.  Miró la dirección escrita en el papel.  La casa 53-30, estaba pintada de tres colores diferentes.  Uno por cada negocio que funcionaba allí.    La miró detenidamente:  está desbaratada, desmembrada, hechiza.   Por dentro está llena de recovecos.  En el primer piso conviven una venta de pajaritos enjaulados, junto con una venta de ropa usada con maniquís en posiciones dolorosas, y luego el consultorio de Samanta.  Lucia atraviesa un primer corredor hacia el fondo, parece que el olor, le diera dirección.   Hay una luz tenue, con bombillitos rojos que da un mal aspecto.  Lucía se siente desprotegida, pero decide timbrar.

Usted es Lucia ……. Sígame. 

Atravesaron un corredor a media luz, invadido a lado y lado por enormes velas blancas.  La luz de la esperanza, se dijo para si Lucia.

Siéntese, en diez minutos Samanta la atenderá…….

Lucia no quería sentarse enteramente.  Se acomodó en los brazos de ese asiento forrado en pieles de arabescos rojos, como esperando. Tal vez tendría que salir corriendo.  Pasaron cinco minutos en su reloj de arena.  En un momento, como de la nada, apareció una mujer envuelta en velos oscuros y faldas largas.  Solo tenía los ojos destapados.  Examinó sin decir nada a los que esperaban en la sala plagada de velas y en penumbras.  A los que a su juicio le parecieron (suficientes), los invitó a seguir, a una reunión secreta.   Se acercó lentamente a la cara de los que habían sido citados, les dijo unas palabras en susurro y llegando el turno de Lucia le dijo:  por tener raíces de hiedra, igual que las de esta irreal casa, tendrás el primer turno:  cuéntame tu historia.

Lucia la siguió.  Entró en una habitación oscura y sin muebles.  Cojines inmensos a lado y lado de las paredes y en el centro llamando la atención una vela blanca y olorosa repartía su luz intermitente.

El olor dulzón del ambiente la hizo entrar en trance.  No supo cuánto tiempo estuvo allí, en esa habitación.  Luego se despertó. 

No recordaba bien lo que había hablado, qué tanto había delatado a Julián, qué tanto había exorcizado sus demonios.  La vela ya casi se extinguía.  

Samanta la tomó por los brazos y como de la nada, sacó un pequeño muñeco de tela y se lo entregó.

-Toma, ya te explico lo que debes hacer 

-Se parece a Julián.  ¿Usted lo hizo?

-No -le contestó Samanta.  –pero te has dado cuenta, que casi todos los muñecos se parecen? 

Luego, acercó una pequeña caja de alfileres de colores y puntas redondeadas.

-Vas a hacer esto:  desde hoy hasta el día de la boda, cada noche vas a jugar con él.  Si un día de maltrata, tú en la noche y en venganza, le clavas un alfiler donde mas duela.  Solo es un juego, de esa manera, liberaras tu rabia.  Eso sí, evita la zona del corazón, porque puedes matarlo.

Luego hizo un lento movimiento y le entregó toda la caja de alfileres.

-Pensándolo mejor, toma la caja entera.  Tal vez la necesites.

Para finalizar, enrolló una hoja amarillenta con las instrucciones, y, apretándole las manos, le dijo:  

-No puedes confiar del todo, sospecha siempre.  Mantén todo en control, para eso están los alfileres.

Caminó en redondo alrededor de ella, y entrando en un trance final le dijo:

-Lucía,  no te apresures,  espera el momento oportuno, para hacerlo…  (no se si deba escribir esto, porque daría una pista) ….

FALTAN:

ESCENA DEL MATRIMONIO

ESCENA DEL ASESINATO DE JULIAN

330 Replies to “Lucía no se ha casado”

  1. Me encantan las conversaciones de Lucía con su madre y Julián, creo que son el fuerte de tu relato, en ellas se deja ver todo el dolor y la angustia de una persona abusada, perdida y atrapada.

    El comienzo es tenso pero se disuelve en historias y detalles poco creíbles que nada le aportan a la historia, como el tráfico de la ciudad, la bruja, etc.

    Y acá van algunos detalles puntuales que hicieron saltar mi aguja de credibilidad:

    No sé si pensar que a los 40 años, “pronto será tarde para tener hijos” sea una idea fuera de la realidad, la realidad es que a los 40 ya está tarde no? Al menos en el imaginario general latinoaméricano.

    Que Julián sea un misterio indescifrable es una idea de Lucía, valdría la pena dejarlo claro y que no parezca una idea general de todos. Para todos un abusador es un abusador menos para el abusado, y me parece que es un eje central de tu relato, que para todos es un logro el matrimonio de Lucía, nadie conoce de verdad a Julian.

    Eso del embarazo fantasma se lee raro.

    Cuál es el pecado mortal con el que se casaría?

    En el sueño que significa que se sentó del otro lado del piloto? Había alguien con ella manejando el auto?

    La escena de Julian esperándola en el descapotado rojo es rara… ¿Qué era lo extraño que no se alcanza a ocultar con el ruido de la ciudad?, ¿porqué lo hacía ver como una gran contradicción? ¿Para quién era una contradicción? ¿Porqué a Lucía le parece ahora insignificante?

    A lucía la recogen del trabajo y sale vestida en el centro con un vestido blanco y un sombrero de plumas?

    ¿Qué pasó en la reunión?

    ¿Qué tanto cabe en el descapotable rojo? Suena raro que fuera lleno de regalos, los descapotables suelen ser muy pequeños. También es raro que durante la reunión hubieran tenido tiempo de catalogar los regalos para guardarlos en el carro, ¿Qué importancia tiene esto para la historia?

    Las comparaciones con los cuentos de hadas se leen raras y muy ajenas a Lucía.

    Al hablar con su madre, es muy abrupto y salido de la nada el tema de de la bruja y los curas.

    La escena de la bruja está muy enredada. Lucía tiene un reloj de arena, la bruja como la describes parece ser musulmana vestida con un hiyab, una sala plagada de velas y en penumbra, ¿a quienes invita a seguir a una reunión secreta? ¿Había gente citada y gente no citada?, ¿Qué significa tener raíces de hiedra? ¿La casa porqué es irreal? No me cuaja nada de esta escena. Y cuando entra en trance las cosas se ponen aun mas raras e inverosímiles. Lucía se despierta sin saber qué pasó en ese lugar terrorífico y lo primero que se pregunta es si delató a Julian, es muy raro, uno se preocuparía si tiene aun sus dos riñones o algo así jejejeje Y luego el budú como juego? Muchos ingredientes en un solo párrafo que no parece ir a ninguna parte.

    Antes de seguir adelante yo miraría de verdad qué es importante e indispensable de contar en la historia para llevar a Lucía a matar a Julian y desecharía el resto.

    Y bueno, perdón por la honestidad brutal que dejo aquí.

  2. Me ha parecido a mi esta historia tensa y deliciosa. Enganchadora. Mucho potencial. Algunos párrafos tienen un nivel alto a mi parecer en lo que respecta a crear los espacios, y describir las acciones. El personaje de Lucia está creado con suficiencia, diría yo. Ninguna de esas cosas son fáciles, así q, súper bien por ese lado. Ya viendo el todo, hay algo q me gusta y hasta lo diria “q se siente q tienes un estilo como definido”, y desde lo q puedo sentir, me gusta eso. Esta casi listo! Para rematarlo, no puedes descuidar los “saltos de realidad”, si es q esa es la palabra, para evitar cierto efecto desorientador que acosa al relato. Importantísimo: hay saltos como bruscos entre algunas acciones. Y ya. Cual será tu siguiente relato? Lo espero desde ya 🙂

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